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La Amazonía desde el aire: cuando el territorio se convierte en evidencia

Integrantes de las ramas legislativa y judicial, líderes religiosos, académicos y periodistas de medios nacionales e internacionales hicieron un recorrido aéreo por las zonas de Guaviare más afectadas por la deforestación. Estos sobrevuelos, organizados por la IRI Colombia en el marco de la Jornada de Inmersión Científica en la Amazonía, permitieron comprender la magnitud de la crisis amazónica y la urgencia de decisiones informadas para su protección

Visto a 2.400 pies de altura, Guaviare dejó de ser un área en el mapa de Colombia para convertirse en un diagnóstico vivo del impacto de la deforestación en el territorio. 

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“La Amazonía necesita del poder legislativo para evitar el daño que se le está provocando”, enfatizó Geiny González al bajar de la aeronave en la que realizó un recorrido aéreo por el departamento. 

La asesora de la Unidad Técnico Legislativa (UTL) del representante a la Cámara William Aljure, fue una de las 20 personas que participaron en los sobrevuelos organizados por IRI Colombia, uno de los ‘momentos’ más reveladores e impactantes de la Jornada de Inmersión Científica en la Amazonía.

Montados en avionetas Cessna 210, miembros del Congreso y de las altas cortes, académicos, medios de comunicación nacionales e internacionales, representantes de instituciones científicas de Colombia y de organizaciones religiosas tuvieron la oportunidad de realizar esta travesía aérea, que no fue diseñada para admirar el paisaje sino para comprender el territorio con toda su complejidad y fragilidad.

Durante hora y media, recorrieron el departamento de norte a sur y sobrevolaron San José del Guaviare, El Retorno y Calamar, municipios que durante años han presentado las tasas más altas de deforestación.

Grandes acumulaciones de deforestación en la selva amazónica colombiana. Foto: cortesía Edwin Caicedo.

Las aeronaves partieron del aeropuerto Jorge Enrique González, en San José del Guaviare, hacia el sector de Guanapalo, cerca del corregimiento de Charras, uno de los núcleos de deforestación que el Gobierno espera convertir en núcleo de desarrollo forestal. 

Desde allí, las avionetas se dirigieron al sur, sobrevolando la llamada trocha ganadera, que conecta San José del Guaviare con Charras Boquerón hasta el río Guaviare. Vista desde arriba, ésta se reveló como una línea de fractura en la que, en algunos tramos, apenas sobreviven pequeños relictos de bosque desconectados entre sí.

“Esta es una zona ocupada desde los años sesenta. Fue una de las primeras intervenidas con deforestación”, recordó Bernardo Giraldo, investigador del Instituto Sinchi y uno de los científicos que guió los sobrevuelos. 

Más al sur, el frente de deforestación se vuelve más agresivo: las huellas de la ganadería aparecen dentro del resguardo indígena Nukak Makú y se intensifican en dirección a Calamar.

“Pudimos ver la gran extensión de la Amazonía, pero también la huella de la deforestación y la minería ilegal. Es muy triste ver cómo ha avanzado la actividad ganadera reduciendo la cantidad de bosques y la minería ilegal ejerciendo presión sobre el territorio Nukak”, señaló Johanna Cortés Nieto, magistrada auxiliar de la Corte Constitucional.

La construcción ilegal de vías es uno de los grandes motores de la deforestación.

Radiografía de la deforestación

De acuerdo con el IDEAM, entre 2017 y 2024 Guaviare perdió más de 193.000 hectáreas de bosque y Calamar constituye un punto crítico de deforestación, debido al aumento en las tasas de pérdida de bosque reportados en años recientes.

Al llegar a este municipio, las avionetas tomaron rumbo hacia el norte. Durante este segmento final del trayecto, se observaron áreas de colonización más antiguas y diferentes ecosistemas como la Serranía de La Lindosa, donde la selva aún ofrece resistencia, pero la fragmentación del bosque emerge como una amenaza.

“Se está afectando la conectividad de la región amazónica con la andina, también de alta biodiversidad, al igual que con la Orinoquía. Con la pérdida de conectividad se ponen en riesgo los flujos de diversidad genética y esto es grave para los ecosistemas”, resaltó Sandra Castro, investigadora del Instituto Sinchi, organización que tiene a cargo tres núcleos de desarrollo forestal en Guaviare: Charas, Cuba y Nueva York, y Miraflores.

Desde el cielo se observan pozos que acumulan lluvia, para hacer frente a la escasez de agua debido a las sequías, cada vez más fuertes.

El sobrevuelo de IRI Colombia evidenció tres realidades que convergen en un mismo territorio: áreas de bosque aún en pie, esenciales para la conectividad ecológica; zonas en transición, donde la intervención comienza a abrirse paso; y núcleos de deforestación altamente degradados.

Estas observaciones permitieron identificar no solo la pérdida de cobertura forestal, sino también los motores estructurales que impulsan la transformación del paisaje, como la ganadería, la conversión del bosque en potreros y la especulación de tierras, la apertura de vías, la minería ilegal, entre otros.

“Esta iniciativa de IRI Colombia nos permite conocer y entender la complejidad de los fenómenos, para poder tomar soluciones y decisiones que sean acordes con todos los intereses y todas las aristas del problema”, destacó la magistrada auxiliar de la Corte Constitucional, Johanna Cortés Nieto.

A su vez, Blanca Lucía Echeverry resaltó que estos sobrevuelos no eran un ejercicio logístico ni una visita turística a la región. “Fueron un acto de toma de conciencia radical”, enfatizó la directora de IRI Colombia.

  • Marcela Lozano-Borda, del Instituto Humboldt.