Por: Blanca Lucía Echeverry Bedoya, directora de IRI-Colombia.
Hay territorios que no pueden comprenderse desde un escritorio. La Amazonía es único. Podemos analizar mapas, analizar cifras de deforestación y discutir políticas públicas; pero cuando entramos en el bosque, escuchamos a quienes lo habitan y observamos las presiones que amenazan su integridad, comprendemos la dimensión de lo que está en juego.
Con esta convicción, desde IRI-Colombia realizamos, del 11 al 14 de junio de 2026, en San José del Guaviare, la Jornada de Inmersión Científica Amazónica con congresistas electos para el período 2026-2030. Partimos de una premisa sencilla pero poderosa: para legislar sobre la Amazonía es necesario conocerla; para protegerla, es indispensable comprenderla.
No fue un seminario convencional. Diseñamos una experiencia en territorio capaz de conectar tres dimensiones que funcionan separadamente: evidencia científica, realidad territorial y toma de decisiones políticas.
Más de 70 participantes —entre congresistas, científicos, expertos, líderes y representantes de organizaciones— dialogaron sobre las dinámicas que transforman la Amazonía colombiana. Se presentó evidencia sobre deforestación, biodiversidad, cambio climático, ordenamiento territorial, economías amazónicas, derechos de los pueblos indígenas y gobernanza del bosque.
Pero la ciencia no permaneció encerrada en un auditorio.
La inmersión incluyó un recorrido por La Lindosa, paisaje de riqueza natural y cultural y arqueológica del Guaviare, y un sobrevuelo que permitió observar aquello que las estadísticas describen de manera abstracta: la frontera entre el bosque conservado y las áreas transformadas, las cicatrices de la deforestación y la escala de las decisiones que Colombia debe adoptar.
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Desde el aire, una hectárea deja de ser solamente una unidad de medida. La pérdida de bosque adquiere dimensión física: cada fragmento que desaparece afecta la regulación hídrica, el almacenamiento de carbono, la conectividad de especies y la estabilidad climática.
Esa comprensión es importante para quienes tienen la responsabilidad de legislar.
La Amazonía representa cerca del 42 % del territorio continental colombiano y constituye uno de nuestros patrimonios naturales. Su protección no es exclusivamente un asunto ambiental: es una cuestión de seguridad hídrica y climática, derechos humanos, desarrollo rural, soberanía territorial y justicia intergeneracional.
Uno de los resultados de la Jornada fue llevar el conocimiento hacia la acción legislativa. Mediante una Clínica Legislativa, los congresistas avanzaron en mecanismos para situar la Amazonía de manera permanente en la agenda del Congreso.
De este ejercicio surgió una ruta de articulación parlamentaria que incluye el impulso de una Comisión Accidental por la Amazonía como espacio de coordinación, seguimiento e interlocución con la ciencia, los territorios, los pueblos indígenas, las instituciones y la sociedad civil, y la perspectiva de avanzar hacia una instancia legislativa permanente.
La experiencia confirmó algo que hemos aprendido durante años de trabajo en IRI-Colombia: la transformación comienza cuando el conocimiento genera vínculos y los vínculos producen corresponsabilidad.
Nuestra contribución, como Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales, parte de esa convergencia. La ciencia permite comprender qué ocurre; la política puede transformar ese conocimiento en normas, presupuestos e instituciones; los pueblos indígenas y las comunidades aportan saberes y experiencia territorial; y las religiones y comunidades de fe incorporan una dimensión indispensable: la responsabilidad ética frente a la vida.
Proteger la Amazonía no puede depender únicamente del temor a una catástrofe futura. Debe surgir también de una convicción moral presente: el bosque posee un valor que trasciende aquello que podemos extraer de él. En sus ríos, árboles, especies y culturas se sostiene una red de vida de la cual formamos parte.
Ahora corresponde transformar el conocimiento en decisiones, la experiencia territorial en voluntad política y esa voluntad en institucionalidad. Colombia tiene una oportunidad histórica: demostrar que proteger la Amazonía no es responsabilidad de un sector político, una institución o una generación, sino un propósito nacional.
Desde IRI-Colombia seguiremos construyendo puentes entre el Congreso, la ciencia, los territorios y las comunidades de fe, para que quienes tienen capacidad de decidir puedan conocer y comprender la Amazonía antes de legislar sobre ella.
Porque cuando un congresista observa el bosque desde el aire, conversa con un científico y escucha a quienes habitan la Amazonía, la discusión deja de ser solamente ambiental. Se convierte en una pregunta sobre el país que queremos construir.
Porque el bosque es vida. Y protegerlo es proteger nuestro futuro.

