Se necesitaron millones de años para que se formara uno de los sistemas ecológicos más complejos del planeta: la Amazonía. Hoy, diversos factores amenazan con destruirlo. En la Jornada de Inmersión Científica Amazónica 2026 de IRI-Colombia, dos expertos analizaron cómo funciona este bioma, qué retos enfrenta y por qué aún estamos a tiempo de protegerlo.
La Amazonía que conocemos hoy en día no es la misma que existía hace millones de años. Sin embargo, el proceso geológico de formación de los Andes, que inició hace unos 90 millones de años, incidió en gran medida en lo que conocemos actualmente como el bioma amazónico.
“Por entonces, la orogénesis de los Andes venía en aumento y superaba los 2 kilómetros de altura. La humedad que venía del Atlántico y se trasladaba al Pacífico dejó de hacerlo porque se encontró con una barrera física, la cordillera”, señaló Edwin Agudelo Córdoba, durante la conferencia “La Amazonía como sistema vivo: dinámicas ecológicas y riesgos actuales”, realizada en el marco de la Jornada de Inmersión Científica Amazónica 2026, de IRI-Colombia.

Para entender la complejidad de la Amazonía –apuntó el coordinador de la sede del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi en San José del Guaviare– es necesario observar la estructura hidrológica de la cuenca amazónica asociada a la cuenca del Orinoco y, a su vez, en relación con el continuo del bosque tropical húmedo, el cual abarca los departamentos de Amazonas, Vaupés, Putumayo, Caquetá, Guaviare, Guainía e incluso el sur del Meta y del Vichada.
En la actualidad, la Amazonía abarca un área de 7,3 millones de kilómetros cuadrados. Aunque esto representa apenas el 5 % del área continental mundial, la región alberga más del 12 % de la diversidad biológica registrada en el mundo.
Esta explosión de vida, representada en distintos grupos biológicos como aves, reptiles, peces, insectos o anfibios, es posible gracias a las transformaciones forjadas a lo largo del tiempo, que le otorgan una complejidad ecosistémica y una riqueza biológica extraordinaria.
“La Amazonía representa el 5 % del área total global y alberga más del 12 % de la diversidad biológica registrada en el mundo”, expresó Edwin Agudelo Córdoba.
Bioma amazónico en peligro
“La Amazonía es un ambiente altamente heterogéneo que se transforma en el espacio y en el tiempo”, recalcó Carlos Alberto Rivera, quien dictó la conferencia “Una agenda crítica para la Amazonía: prioridades científicas para proteger el bioma amazónico”, en la cual abordó los principales desafíos de la región y propuso algunos temas relevantes que deberían atenderse con urgencia.
De acuerdo con el biólogo y limnólogo, analizar estas transiciones es esencial para entender cómo se desarrollarán sus dinámicas geográficas, biológicas, ecológicas e hidrográficas en el futuro, pero sobre todo con el fin de formular estrategias adecuadas, orientadas a garantizar su protección a largo plazo.

Además de las transformaciones biogeológicas, las acciones del hombre también han incidido en la Amazonía. La evidencia histórica demuestra que la aparición del Homo sapiens en lugares como África, Australia, Norteamérica y Madagascar influyó notablemente en la reducción de la diversidad de mamíferos. “Ahora contamos con esa información. Por eso, gran parte de las decisiones hoy en día pueden estar orientadas a reducir los impactos provocados por el ser humano a escala planetaria”, señaló Rivera.
El mayor impacto en el bioma amazónico es la desaparición de la cobertura forestal, causada principalmente por la deforestación y la degradación.
La Amazonía ha perdido casi 100 millones de hectáreas en 40 años, explicó Agudelo Córdoba. De 707 millones en 1985, disminuyó a 619 millones, siendo el suroriente de Brasil el más afectado. Este cambio de cobertura está asociado principalmente a las actividades agrícolas y pecuarias.
Lee la edición completa de EL BOSQUE ES VIDA aquí.
Asimismo, la fragmentación también causa una gran afectación porque el bosque comienza a perder conectividad y las fracciones pequeñas, que quedan tras la deforestación, no pueden sostener la biodiversidad.
Otro de los impactos mencionados por Rivera es el deterioro de la calidad del agua y del aire como resultado de la minería y los incendios forestales. Por una parte, las conflagraciones, cada vez más frecuentes debido al aumento de las temperaturas, causan graves consecuencias no solo en términos de pérdida de bosque sino también de contaminación de las fuentes hídricas.
“La cobertura vegetal es indispensable para la estabilidad ecosistémica y climática, así como para la disponibilidad de agua en muchas zonas de Suramérica”, dijo Carlos Alberto Rivera.
Por otra parte, diferentes estudios han demostrado que la extracción ilegal de minerales contamina los ríos y afecta a las poblaciones de peces y a comunidades indígenas locales. “La Amazonía está conectada en toda su red hidrográfica. Incluso la minería en zonas aparentemente remotas tiene implicaciones en toda la cuenca”, resaltó el docente e investigador de la Universidad Javeriana.

Amazonía al borde de la sabanización
Una de las principales virtudes del bioma amazónico es la capacidad de crear, gracias a los procesos biofísicos y ecosistémicos del bosque, inmensas corrientes de humedad que transportan agua desde el Atlántico hasta el sur del continente, conocidas como ríos voladores.
Cuando llueve, los árboles absorben el agua del suelo y de los acuíferos a través de sus raíces. Posteriormente, mediante la evapotranspiración, el bosque libera grandes cantidades de vapor de agua a la atmósfera, que se convierten en nubes. Impulsadas por los vientos, viajan desde la Amazonía hasta encontrar la barrera natural de la cordillera de los Andes. Allí ascienden, se enfrían y descargan gran parte de su humedad en forma de lluvia, abasteciendo de agua a buena parte de la región Andina.
Se estima que la Amazonía ha perdido entre el 14 % y el 17 % de sus bosques –incluso algunos expertos hablan del 20 %–, con lo cual se acerca de forma crítica al punto de no retorno, estimado por los científicos en el 25 %.
Este concepto se refiere al umbral crítico en el que el bioma perdería sus funciones básicas y la posibilidad de regenerarse, y comenzaría un proceso de sabanización. La transformación de la Amazonía en una sabana afectaría directamente los patrones climáticos y la producción de agua para el continente.
“Es inevitable que en 200 años una parte de la Amazonía se sabanice, pero podemos evitar que se convierta en sabana en su totalidad, para que siga brindando estos importantes servicios”, subrayó Rivera.
El experto del Instituto Sinchi, Edwin Agudelo Córdoba, recordó las nueve propuestas formuladas por el Panel Científico por la Amazonía, que incluyen desde acciones para el control de la deforestación y la restauración de los ecosistemas, hasta el desarrollo de una sociobioeconomía del bosque y cambios legislativos que promuevan los derechos de la Amazonía.
Carlos Alberto Rivera, por su parte, propuso una serie de temas prioritarios para asegurar la estabilidad del bioma. Entre ellos, construir corredores que conecten los grandes parques nacionales; concebir el territorio como un paisaje mixto que permita la subsistencia a las poblaciones locales en la frontera de deforestación; articular acciones de restauración alrededor de los ecosistemas acuáticos; prever el impacto del cambio demográfico y conciliar visiones del futuro de la Amazonía a partir de su realidad cambiante.
“El bioma ha tenido cambios positivos y negativos. Pero no podemos perder la esperanza de resolver el problema de la deforestación en la Amazonía. Debe ser una esperanza activa, con decisión y acciones para el futuro de los bosques”, concluyó el científico, doctor en Ecología Fundamental y Aplicada.
Lee la edición completa de EL BOSQUE ES VIDA aquí.
Nueve propuestas del Panel Científico por la Amazonía para evitar el punto de no retorno
- Reducir drásticamente las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
- Poner fin a la deforestación, la degradación y los incendios forestales a gran escala.
- Restaurar bosques abandonados y degradados a gran escala.
- Crear y mantener áreas protegidas y territorios indígenas.
- Mantener la conectividad forestal y fluvial a lo largo de la frontera Andes-Amazonía.
- Invertir en ciencia, tecnología e innovación para la Amazonía.
- Fortalecer la participación de las organizaciones de la sociedad civil en la región.
- Desarrollar una sociobioeconomía de bosques en pie y ríos que fluyen saludablemente.
- Incluir los derechos fundamentales de la Amazonía en la constitución de los países amazónicos.








