La Amazonía está presente en la vida cotidiana de millones de colombianos. Su papel en el ciclo del agua, la agricultura y la generación de energía la convierte en un territorio estratégico para el país.
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“Después de haber estudiado más de diez años temas de agua, por fín entendí lo que muchos habitantes de la Amazonía saben hace mucho tiempo: todo está interconectado”, sentenció Natalia Acero mientras relataba cómo, durante una caminata entre la laguna de Chingaza y Villavicencio, pudo observar los ríos voladores que llevan corrientes de humedad desde la cuenca del Orinoco y de la Amazonía hasta los Andes.
Con esta potente confesión, la gerente del Programa de Gestión Integral de Cuencas y Recurso Hídrico de The Nature Conservancy (TNC Colombia) inició su intervención en la Jornada de Inmersión Científica Amazónica, realizada del 11 al 13 de junio en San José del Guaviare.
La experta dictó la conferencia “Agua, territorio y seguridad climática: el ordenamiento que Colombia debe alcanzar”, en la cual abordó desde el papel central de los bosques en el ciclo hídrico hasta las interconexiones que existen entre la Amazonía, la Orinoquía y la región Andina, en materia hídrica.
“La conexión Andes-Amazonía-Orinoquía influye en el suministro de agua para ciudades andinas”, enfatizó Natalia Acero.
De acuerdo con la ingeniera química y ambiental, de toda la precipitación, casi el 40 % se convierte en agua azul, es decir, las aguas superficiales y subterráneas disponibles para el ser humano. El 60 % restante, denominado agua verde, se almacena en el suelo o la vegetación.
Hay zonas en el mundo donde se genera este tipo de agua y, gracias a las condiciones topográficas, del viento o del clima, migra a otros lugares. Según la experta, el agua verde puede viajar largas distancias, más allá de los límites de países y continentes, y conecta a comunidades, naciones y regiones. “Como muchas cuencas de ríos grandes y acuíferos, los flujos atmosféricos de humedad son recursos transfronterizos, que llevan agua de un país a otro”, señaló.

Fuente de agua verde
La cuenca amazónica es conocida por su potencial hídrico. Produce 230.000 m3 de agua por segundo y alberga el mayor volumen de agua dulce superficial, pues tiene el 2 % a nivel planetario.
Sin embargo, “hasta ahora se comienza a analizar su extraordinaria riqueza en materia de agua verde”. Por medio de la evapotranspiración, los árboles y la vegetación devuelven la humedad a la atmósfera, donde se condensa y cae de nuevo en forma de lluvia. Este reciclaje ocurre de cinco a seis veces a medida que los vientos alisios cruzan la cuenca del Amazonas de oriente a occidente, antes de llegar a los Andes. Este flujo de agua es lo que conocemos como ‘ríos voladores’.
Gracias a este proceso, la región produce entre 10.000 y 23.000 millones de litros al día. “El 50% de ese reciclaje depende de la cobertura vegetal. Si la Amazonía se deforesta, esa agua verde se convertiría en agua azul y se iría al océano”, resaltó.
“Casi el 60 % de toda la precipitación que cae en la cuenca amazónica se regenera en la atmósfera a través de la evapotranspiración”, explicó Natalia Acero.
Lo que sucede en la Amazonía se siente en otras partes
Esta interconexión tiene impactos en el ciclo hidrológico local, regional e incluso global, señaló la científica, magíster en Modelización, seguimiento y gestión medioambiental.
Como evidenció en un estudio la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito y el IHE Delft Institute for Water Education de los Países Bajos, hay una gran conexión entre las cuencas de la Amazonía y del Orinoco con Chingaza, sistema que abastece de agua a Bogotá.
“El 24 % del agua consumida en la capital de Colombia proviene del reciclaje de la cuenca amazónica, el 25 % de la cuenca de la Orinoquía, el 37 % de otras regiones y el 14 % del océano Pacífico”, explicó Acero.
Asimismo, existe una clara conexión entre el ciclo hidrológico y la deforestación. La pérdida de bosques genera impactos en la agricultura, en el abastecimiento de las grandes ciudades y en la hidroenergía. Según un estudio elaborado por TNC, el cambio climático y la deforestación contribuyen a eventos extremos de sequía e inundaciones en la cuenca y pueden reducir la disponibilidad de agua hasta en un 75 % en ciertas zonas de la Amazonía. “El ciclo del agua es un eje estructural del desarrollo social y económico del país; por lo tanto, es indispensable protegerlo”, subrayó.

Restauración de la Amazonía como política de seguridad hídrica
La gran pregunta es cómo lograr que esa interconexión se vea reflejada en la agenda legislativa. Para Natalia Acero, el siguiente paso es traducir el conocimiento científico en leyes que financien la protección del ciclo del agua, impulsen corredores de conectividad hídrica, fortalezcan las herramientas para combatir la deforestación, incorporen el conocimiento indígena en la planificación territorial y promuevan la restauración por cuencas. “Solo así será posible avanzar hacia una Amazonía más resiliente y una mayor seguridad hídrica para el país”, expresó.
Además de los argumentos científicos, durante la conferencia, la experta en gestión integral de recursos hídricos presentó argumentos jurídico-políticos y económicos que los congresistas deben tener en cuenta para sustentar nuevas acciones legislativas.
“Una de cada tres gotas del Magdalena viene de la Amazonía”, subrayó Natalia Acero.
Uno de ellos fue el Proyecto de Ley 129 de 2022, que, aunque terminó archivado, abrió el debate sobre la relación entre la deforestación y los ‘ríos voladores’ en el Congreso. También se refirió a la sentencia 4360 de 2018, en la que la Corte Suprema de Justicia reconoció que la destrucción de la Amazonía vulnera derechos fundamentales como la vida, la salud, el agua y un ambiente sano.
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Para finalizar, Natalia Acero insistió en que conservar y restaurar los bosques no solo evita pérdidas, sino que también genera beneficios para el país. “Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), impedir que la Amazonía alcance un punto de inflexión tendría un retorno de la inversión de USD 29.500 millones”, concluyó.
“Es importante trabajar para que la conexión entre Chingaza y las cuencas de la Amazonía, Orinoquía y Magdalena se haga evidente en la agenda legislativa”, recomendó Natalia Acero.

