Desde el traslado de los animales de un lado a otro hasta el transporte de humedad entre la Amazonía y los Andes, muchos procesos naturales dependen de ecosistemas conectados. El biólogo Laín Pardo explica qué significa la conectividad ecológica y por qué su pérdida representa un riesgo para la biodiversidad y el clima.
Un jaguar puede recorrer kilómetros de selva para encontrar alimento o pareja. Si en su camino aparecen carreteras, potreros o ciudades, ese desplazamiento se vuelve cada vez más difícil. Lo mismo ocurre con muchas otras especies que dependen de bosques continuos para sobrevivir. Cuando los ecosistemas se fragmentan, los animales, las plantas e incluso los flujos de agua y nutrientes pierden la posibilidad de conectarse. A esta capacidad de los paisajes para mantener esas conexiones se le conoce como conectividad ecológica, un concepto clave para comprender la salud de los bosques tropicales. Para entender por qué esta conexión es fundamental para la vida en los ecosistemas, conversamos con Laín Pardo, biólogo y especialista en biodiversidad de WWF Colombia. Desde su experiencia en investigación y conservación, nos explica qué significa la conectividad ecológica, cómo se ve afectada por las actividades humanas y por qué protegerla es esencial para el futuro de los bosques y de las especies que dependen de ellos.
¿Qué es la conectividad ecológica?
Este concepto se refiere a la capacidad de un paisaje para facilitar o impedir el movimiento de los animales u organismos que lo habitan de un segmento del bosque a otro. Un paisaje es una extensión de tierra, donde se pueden identificar diferentes elementos como, por ejemplo, segmentos de un bosque dividido. A los espacios entre un segmento y otro se les llama matriz, cuenta con una serie de características particulares y está constituida por diversos usos del suelo además del forestal, como el agrícola, el urbano, el comercial o el extractivista.
¿Qué se debe tener en cuenta al estudiar la conectividad ecológica de un paisaje?
Muchos aspectos. Es necesario considerar la distancia entre segmentos de bosque, las características de la matriz y la clase de organismo que se desplaza en el área, entre otras cosas. No todos los organismos responden de igual manera al mismo paisaje o a la misma matriz. Por ejemplo, para un jaguar no será complicado recorrer 2 km entre un parche y otro del bosque; pero, no será igual para un armadillo, una lapa o un caimán. De igual forma, no es igual si debe atravesar un lugar donde se desarrolla agricultura, actividades extractivas o hay un entorno urbano o un corredor biológico.
¿La conectividad ecológica se da específicamente en animales?
Aunque usualmente se asocia a animales terrestres, porque se pueden estudiar con mayor facilidad, la conectividad también se refiere a organismos acuáticos, insectos, plantas, etc. Por ejemplo, si se construye una represa en un río, el sistema acuático se fragmentará y los organismos perderán esa conexión, lo cual afectará sus ciclos biológicos como reproducción, migración, etc.
¿Por qué es importante que los sistemas estén conectados y no aislados?
La razón principal es para mantener la diversidad, la variabilidad genética y los procesos ecológicos asociados. Los organismos silvestres suelen salir de su espacio habitual para reproducirse; si el paisaje está muy desconectado, quedan aislados y sin posibilidad de encontrar parejas para aparearse, lo que limita su reproducción.
Este es un problema que no será evidente en 10 o 20 años, sino mucho tiempo después, cuando estos mismos organismos sean más susceptibles a enfermedades o se vuelvan resistentes a adaptarse al sistema, debido al poco flujo genético que se da en poblaciones aisladas.

¿Qué pasa con los animales y las plantas cuando los bosques se fragmentan?
Una consecuencia de la fragmentación es el bloqueo de los procesos reproductivos, lo que puede derivar en menos individuos e incluso especies. Si un roble u otra especie bota su semilla y esta no encuentra bosque para crecer, es decir, un río que la traslade a un mejor lugar o un animal que la transporte y le permita germinar en otro lado, su único destino será morir, y no habrá un nuevo roble.
¿Cuál es el impacto de las carreteras en la conectividad ecológica?
Es más complicado cuando la fragmentación se produce por la construcción de carreteras, pues aunque solo parece que se rompe un pequeño pedazo de hábitat, las consecuencias son mayores. Por un lado, genera una barrera natural para el movimiento de ciertas especies, reduciendo la conectividad de ese paisaje. Y, por otro, esa ruptura del hábitat también puede facilitar que algunos animales crucen las vías, en particular las veredales, y sean atropellados, como pasa con tortugas, perezosos y osos hormigueros.
Estos caminos les resultan más fáciles de recorrer porque están despejados e iluminados; por eso, algunos prefieren usarlos en lugar de moverse por zonas con ramas y vegetación que les brindan protección. Tan solo en Antioquia, según la Red Colombiana de Seguimiento de Fauna (Recosfa), se registran hasta casi 600.000 animales atropellados por año.
Pero, el alcance va más allá. Una carretera puede darle mayor acceso a los cazadores o permitir la entrada y expansión de enfermedades y de patógenos a los que de pronto la comunidad de ese fragmento no está adaptada.
¿La conectividad solo se da entre parches cercanos?
Se habla de conectividad a distintas escalas. Un oso de anteojos que está en Chingaza eventualmente puede ir a otros páramos o a las serranías e incidir en ese ambiente. De igual manera, la evapotranspiración del Amazonas puede incidir en la región Andina, algo que se calificaría como una escala macro en el tema de conectividad.
¿Qué es un corredor ecológico?
Es una franja que puede mejorar la conectividad entre parches. Esta no debe ser continua, pues depende de la configuración del paisaje y las características de la matriz. Incluso hay elementos artificiales como los puentes para animales fabricados en las carreteras, que permiten la conexión.

¿Qué relación tiene la conectividad ecológica con el agua?
Hablemos de la Amazonía y su conexión con la región Andina. Los ‘ríos voladores’ son producto de la transpiración de la vegetación en la región amazónica, que a diario puede generar cuatro litros de vapor de agua por metro cuadrado. Teniendo en cuenta que la Amazonía tiene un área de 750 millones de hectáreas, hablamos de 30 billones de litros.
Este vapor se transporta hacia el occidente y llega a los Andes, donde cae en forma de lluvia y abastece entre un 20 % o 30 % del sistema Chingaza.
La conectividad permite que esos procesos macro se sigan dando como una unidad. Si se fragmenta todo ese sistema, probablemente no se podrían acumular cuatro litros de agua por metro cuadrado, sino mucho menos.
De igual forma, hay ejemplos más locales que hacen referencia a la contaminación del líquido. Si una carretera fragmenta un ecosistema con agua, puede impedir el flujo natural del líquido o hacer que arrastre sedimentos que, normalmente deben quedarse dentro de la hojarasca. Si además hay una zona de agricultura cercana, los sedimentos pueden concentrar residuos como fertilizantes, causando la eutrofización de lagunas y cuerpos de agua. Esto es un exceso de nutrientes en el agua, que provoca el crecimiento desmedido de algas y reduce el oxígeno disponible, afectando la biodiversidad y la calidad del líquido.
¿Cuál es la relación con el clima?
Los bosques ayudan a capturar carbono, a regular el clima y a proteger la biodiversidad. Todas estas funciones están conectadas y forman un ciclo frágil que puede romperse cuando la selva pierde la conectividad.
Más que el pulmón de la Tierra, el bosque es su aire acondicionado. Si a ese sistema se le “tapan las rejillas”, es decir, se fragmenta el ecosistema o se deforesta, la efectividad del bosque para regular el clima del planeta disminuye, porque además de enfriar el ambiente, permite mantener temperaturas con estructuras estables y, por ende, fenómenos meteorológicos menos bruscos.
Por esta razón, su degradación contribuye a que las variaciones climáticas se presenten con mayor frecuencia, intensidad y magnitud. Un fenómeno que antes ocurría cada tres años ahora podría presentarse cada año o durar más tiempo.

¿Qué actividades humanas rompen esa conectividad?
Además de la construcción de infraestructura– carreteras y caminos, por ejemplo–, debido a la alta rentabilidad del oro, la minería tiene un gran impacto en la conectividad. No solo por ser un agente de deforestación, sino también por la extracción del suelo, que genera sedimentos, y el uso de componentes químicos como el mercurio, que afectan la biodiversidad y contaminan el agua. De igual forma, la agricultura, la ganadería y los cultivos ilícitos también contribuyen a la fragmentación y pérdida de hábitat.
¿Por qué la Amazonía es clave para la conectividad ecológica a escala regional y global?
Porque se afectarían los procesos de captura de carbono, de regulación climática o de transporte de humedad a los Andes. En este momento, la Amazonía enfrenta un proceso de degradación muy grande y se acerca a un punto de no retorno, en el que los efectos producidos serán irreversibles. Hoy el bioma amazónico presenta cerca del 17 % de fragmentación y los científicos calculan que el punto de inflexión se ubica entre el 20 % y el 25 %. De manera que es imperativo evitar la deforestación; de lo contrario, todas las funciones de este bosque se verán afectadas y, por ende, la supervivencia misma de los humanos se pondría en riesgo.
La mayor parte del bioma amazónico se encuentra en Brasil, que concentra alrededor del 60 %, junto con otros ocho países que lo comparten, entre ellos Colombia, con cerca del 10 %. Por esta razón, la conectividad entre todos estos territorios es fundamental y los procesos ecológicos que sucedan o dejen de suceder tienen efectos a escala planetaria.
¿Cómo se conectan los bosques amazónicos entre sí?
Por la misma capa vegetal y forestal continua, a través de los ríos y también de los bosques de galería, que no son tan anchos como el amazónico, sino lineales, y van por la orilla de los ríos permitiendo esa conectividad entre países. También por el traslado animal o por los corredores biológicos.
¿Qué pasa cuando se rompe la conexión entre la selva y otros ecosistemas?
A veces, dejamos de lado que las especies intervienen en procesos más amplios, no solo lo relacionado con la cadena alimentaria sino una serie de flujos de energía y de nutrientes. Si no hay esa conexión, estos procesos se alteran. Se afectan la dispersión de semillas y de animales, el flujo de nutrientes y de especies. Esto repercute en la biodiversidad, tanto en el número de especies como en la abundancia de individuos de cada especie. Por ejemplo, las altas temperaturas y la llegada tardía de las lluvias debido al cambio climático hacen que algunas especies, como sapos y ranas, suban más alto en las montañas para encontrar el ambiente propicio para sobrevivir. Si no hay parches conectados para que puedan trasladarse, podrían morir por enfermedades o porque se les dificulte conseguir recursos, o extinguirse al no encontrar pareja.
También está el tema del agua. Recordemos que si la conectividad entre el Amazonas y los Andes se daña, los ríos voladores no podrán moverse y llegar a Chingaza, afectando la disponibilidad de agua de buena parte del territorio.

¿Qué estrategias existen para restaurar la conectividad ecológica en los bosques tropicales?
Hay distintas estrategias, dependiendo del nivel de alteración o de los elementos que provocaron la fragmentación. La construcción de pasos de fauna ayuda a minimizar el efecto de borde de carretera (alteraciones del ecosistema en la franja de contacto entre el bosque y la vía) o el riesgo de que un animal sea atropellado. Pueden ser aéreos, como los puentes colgantes de fauna, o terrestres, como los túneles instalados bajo las vías.
También están las reservas privadas que generan una especie de “islas” donde se facilita el paso de organismos a través de matrices dominadas por actividades humanas.
Otra estrategia es la implementación de los bonos de carbono que buscan incentivar la conservación de ecosistemas boscosos. Pero, son muy criticados porque, aunque los productores e industriales pagan por los efectos negativos de las emisiones emitidas, no necesariamente las reducen. Si en realidad se quisiera compensar esas emisiones, lo primero sería evitarlas.
¿Qué papel cumplen las comunidades indígenas y locales en el mantenimiento de esa conectividad?
En términos muy generales, las comunidades indígenas logran conservar las áreas de bosque a su cargo. Casi que funcionan como reservas naturales, pues mantienen esa capacidad de amortiguación en una escala de paisaje.
Es muy importante el reconocimiento otorgado a las comunidades indígenas en Colombia, pues al reconocer sus derechos (no muy común en todos los países del mundo) logran una autonomía en sus territorios. Esto permite la libertad para la toma de decisiones y procesos de gobernanza en los que se combinan saberes tradicionales con otras disciplinas.
¿Cuáles son las principales amenazas que enfrenta la Amazonía para preservar su conectividad ecológica?
En Colombia, aunque también en Brasil y Ecuador, la presencia de grupos ilegales implica una gran amenaza. Por ejemplo, una carretera construida por un ente oficial tiene en cuenta parámetros para disminuir el impacto ambiental, pero una ilegal no. Se estima que se han construido alrededor de 589 km de vías ilegales en los parques naturales de Colombia. Tinigua tiene alrededor de 308 km y Macarena 150 km.
Igualmente, la ganadería es un obstáculo para preservar la conectividad. En Guaviare y en Caquetá se ha sentido con más fuerza, pues hay intereses de muchos grupos e incluso de sectores económicos.
Frente a esto, surgen iniciativas de conservación como las realizadas por organizaciones como WWF, el Estado y otros actores en la Amazonía y Orinoquía. Son proyectos en los que se trabaja en el fortalecimiento de capacidades, ya sea para ayudar con el monitoreo y la coordinación de datos enseñando, por ejemplo, el uso adecuado de cámaras trampa; o realizando talleres para fortalecer el tema de gobernanza y liderazgo.
