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Ética, espiritualidad y políticas públicas: una nueva mirada para enfrentar la crisis climática

¿Por qué debemos hablar de ética o imperativos morales, religiosos o espirituales cuando se piensa en justicia ambiental? La necesidad de integrar estas dimensiones en las políticas públicas, de cara al actual colapso climático, fue el tema central de la ponencia “Cuidar la creación: ética, espiritualidad y responsabilidad histórica frente a la crisis climática”, presentada por la reverenda Loida Sardiñas Iglesias durante la primera sesión de la Jornada de Inmersión Científica Amazónica 2026.

La crisis climática es, en esencia, una crisis moral y civilizatoria derivada del modelo de desarrollo extractivista que ha venido implementando el ser humano. Así lo señaló la reverenda Loida Sardiñas Iglesias, quien a partir de esta tesis desarrolló la conferencia “Cuidar la creación: ética, espiritualidad y responsabilidad histórica frente a la crisis climática”, presentada durante la primera sesión de la Jornada de Inmersión Científica Amazónica 2026, de IRI-Colombia.

La reverenda Loida Sardiñas Iglesias.

 “El cambio climático cuestiona nuestras formas de producción, de consumo, de relación con la naturaleza y de comprensión de la vida humana”, subrayó la académica, magíster en Ciencias Teológicas y doctora en Teología. Como respuesta, propuso a los congresistas del país asumir una ética del buen vivir y el buen convivir, desde un proyecto territorial biorregionalista.

Aunque los conocimientos científicos siguen siendo importantes, señaló la docente de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, el colapso climático global nos enfrenta a una dimensión ética que debe orientar las decisiones colectivas y nos obliga a cuestionarnos acerca del mundo en el que queremos vivir y que dejaremos a las futuras generaciones, así como sobre la comprensión del ser humano y su lugar en la creación.

“Las inundaciones, sequías extremas, incendios forestales, pérdida de biodiversidad y desplazamiento de grupos humanos provocados por fenómenos climáticos son síntomas también de una relación profundamente desequilibrada con el planeta y revelan los límites de nuestra racionalidad”, apuntó. 

La lideresa religiosa, integrante del capítulo local de IRI-Colombia en Bogotá, destacó también cómo la crisis de la Amazonía es precisamente el resultado de una mirada utilitarista y pragmática de los bosques tropicales, que promueven la tala indiscriminada, la minería, la ganadería y la agricultura extensivas, y las economías ilícitas. “A ello le llamamos crisis moral porque significa un colapso progresivo de ese modelo de vida, de los valores humanistas y de nuestro sentido de humanidad”, añadió.

Otro de los temas abordados por la reverenda Loida Sardiñas durante su ponencia fue la contribución de las tradiciones religiosas y espirituales que, a pesar de tener diferencias doctrinales, en su mayoría convergen en principios fundamentales como la interdependencia entre todas las formas de vida y su existencia como expresión viva de Dios. 

Angélica Medina Mendoza y el pastor William Porras.

Hacia una acción ética del buen vivir y convivir

Un tercer paso para articular la dimensión ética a las reflexiones sobre la justicia climática está relacionado con la responsabilidad histórica, pues no todos los países ni todos los grupos humanos han contribuido de la misma manera al deterioro ambiental. 

Para la presbítera de la Iglesia Episcopal Anglicana, la justicia climática exige reconocer las asimetrías históricas. Por ejemplo, la deforestación de la Amazonía genera grandes capitales a la agroindustria, los especuladores de tierras, los grupos criminales y las redes de economía ilícita, pero “producen de forma paralela la afectación de sus habitantes, el daño ambiental y la contaminación de los ríos”, señaló.

De acuerdo con la académica, es necesario considerar la responsabilidad retrospectiva, presente y prospectiva, con el objetivo de reconocer cómo se han dado estos procesos históricos y cuáles son esos modelos de desarrollo que han contribuido y continúan alimentando la crisis actual. Esta reflexión también permitirá actuar con decisión desde las políticas públicas para preservar de forma efectiva el bioma amazónico, promover formas sostenibles de producción para sus habitantes y garantizar las posibilidades de vida de las generaciones futuras.

Para finalizar, la reverenda Loida Sardiñas propuso integrar elementos de la ética y la espiritualidad a las políticas públicas con el fin de avanzar en una acción ética del buen vivir y convivir.

“Esta integración significa reconocer que las decisiones adoptadas en las ramas ejecutiva, legislativa y judicial del Estado colombiano, como Estado social de derecho, siempre están sustentadas por valores”, explicó.

De acuerdo con la teóloga, es necesario incentivar una perspectiva de bioregionalismo con el territorio como centro y promover una educación ecológica integral, que articule el conocimiento científico con la acción ética para promover la sensibilidad ecológica y la responsabilidad ciudadana frente al cuidado de la creación. Asimismo, se requiere fomentar una economía orientada al bien común y a la equidad, coherente con el concepto filosófico ancestral de armonía con la naturaleza. También es crucial potenciar la participación ciudadana tanto en la definición de las políticas como en la planeación, ejecución y evaluación de políticas climáticas desde los territorios e impulsar una cultura del cuidado, que implica reconocernos en nuestra vulnerabilidad, interdependencia y responsabilidad compartida.

La crisis climática exige una conversión ética y espiritual de una magnitud comparable a las transformaciones estructurales en la historia, sentenció la reverenda Loida Sardiñas Iglesias. “Necesitamos una conciencia moral capaz de visualizar un futuro distinto, una ciudadanía consciente de la interdependencia de la vida planetaria y unas instituciones que privilegien el cuidado de la vida por encima del interés ganancial”, concluyó.

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