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Lo que revela un sobrevuelo sobre la Amazonía colombiana

Como parte de la Jornada de Inmersión Científica Amazónica realizada por IRI-Colombia, los asistentes recorrieron desde el aire algunos de los principales núcleos de deforestación del Guaviare. Una experiencia sobrecogedora que les permitió entender las dinámicas de la deforestación en el territorio y los enfrenta al reto de convertir la evidencia científica en decisiones concretas para proteger la Amazonía.

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Ferney Gutiérrez, profesional de enlace entre el Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono (SMBYC), el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico (CDA); y Blanca Lucía Echeverry, directora de IRI-Colombia.

En 2024, más de 16.000 hectáreas fueron taladas en San José del Guaviare. Esta cifra deja de ser un simple dato en el papel cuando, desde el aire, se ve en medio de la capa forestal, asomar carreteras que salen ‘de la nada’, parcelas fragmentadas y grandes claros que evidencian la ausencia de un bosque que alguna vez estuvo allí.

Las palabras de Joseph Corcoran resumen el sentimiento de los congresistas, líderes religiosos, científicos y periodistas quienes, durante la Jornada de Inmersión Científica Amazónica de IRI-Colombia, sobrevolaron el departamento: “Desde el cielo hemos visto cómo es la deforestación. No como una abstracción. No como una estadística. Sino como una herida en el paisaje”, señaló el director de la Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales (IRI, por sus siglas en inglés) a nivel global.

La tragedia observada desde el aire es un proceso que se repite en buena parte de la Amazonía colombiana y transforma el bosque paso a paso.

La deforestación empieza con la apertura de vías o trochas, generalmente ilegales, en áreas de reserva forestal. Estas facilitan el ingreso de maquinaria, madera y otros recursos. Según el ingeniero ambiental Ferney Gutiérrez, profesional de enlace entre el Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono (SMBYC), el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico (CDA), este trabajo se realiza generalmente con buldóceres.

“La tala de bosques se da por un desarrollo mal concebido, pues donde llega la carretera inmediatamente hay deforestación, ya que empiezan a entrar los colonos”, expresó el representante a la Cámara por el Putumayo, Miguel Ángel Rubio Bravo.

Esto es solo el principio, aseguró Ferney Gutiérrez durante la conferencia “Deforestación en la Amazonía: causas estructurales, dinámicas territoriales y desafíos de control”. Después de “abrir carretera” sigue la socola, es decir, la remoción con guadaña de la vegetación baja del bosque, como arbustos, bejucos y hojarasca, que facilita la adecuación del terreno.

El siguiente paso es la tala de casi todos los árboles más grandes a ambos lados de la vía, la mayoría de las veces con motosierra. Posteriormente, los deforestadores continúan con la quema de la zona para limpiar el terreno y, de paso, deshacerse de la madera, las ramas y los residuos. La ceniza que resulta de la quema se esparce por el lugar, pues aporta temporalmente los nutrientes necesarios para la siembra de pasto en época de lluvia. Este pasto servirá de alimento para la ganadería que se instalará en esa zona.

Ver para proteger

El sobrevuelo se realizó sobre los principales focos de deforestación del departamento. Desde San José del Guaviare, la ruta se dirigió hacia el oriente, en un trayecto paralelo al río Guaviare, hasta el sector de Guanapalo. Luego continuó hacia el sur, muy cerca del municipio de Miraflores. Allí se observó la afectación del bosque que conecta la Reserva Nacional Natural Nukak y el Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete.

En la vía que comunica Calamar con Miraflores fue posible identificar uno de los principales focos de deforestación de la región. En 2024, fueron deforestadas cerca de 7.000 hectáreas en Calamar y 1.294 en Miraflores.

Los monocultivos de pasto fueron la imagen más frecuente en los parches de deforestación observados desde la avioneta. En el Guaviare se requiere mucho espacio para las reses debido a las condiciones del suelo. Se estima que por hectárea debe haber 0,5 cabezas de ganado, lo que obliga a disponer de extensiones enormes de tierra para mantener un hato pequeño. Además, como el desgaste del pasto hace que en pocos años el suelo se llene de maleza o rastrojo, es necesario deforestar nuevas áreas para trasladar los animales.

Cuando la gente migró a la región, muchos vieron en la ganadería extensiva una forma de generar riqueza, pues las tierras no eran aptas para una ganadería productiva ni para la agricultura, explicó el representante Rubio, quien reflexionó sobre las actividades productivas de la región: “Debemos revisar nuestro modelo de desarrollo. En el país hay una mentalidad capitalista y extractivista. Se necesita pensar en una economía diferente”.

Después de pasar por Calamar y Miraflores, el viaje continuó hacia Caño Gravilla. Allí, lamentablemente, fue fácil observar la fragmentación de los bosques causada por la deforestación. Luego siguió hacia Yaguara II, que en 2024 registró casi 6.000 hectáreas deforestadas, y después hacia Puerto Cachicamo, muy cerca del Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete. Desde allí se retornó a la Serranía de La Lindosa para aterrizar nuevamente en el aeropuerto de San José del Guaviare.

Después del recorrido, Esneyder Gómez Salamanca, representante a la Cámara por las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, compartió su experiencia: “Una cosa es estar en tierra y otra en el aire. Es muy duro ver la magnitud de la deforestación de la Amazonía y entender cómo estamos contribuyendo a la pérdida de bosques”.

De acuerdo con el congresista, es necesario generar debates serios sobre el tema. También es importante promover ejercicios similares al sobrevuelo realizado por IRI-Colombia, pues permiten enfrentar a las personas con una realidad difícil de dimensionar.

Pero este no es el peor escenario. Según el ingeniero Ferney Gutiérrez, el recorrido se hizo en temporada baja de deforestación (junio) y apenas fue posible ver las cicatrices de las quemas. Esto se debe a que el ciclo comienza entre abril y septiembre con la apertura de vías; en octubre se realiza la socola y entre noviembre y enero se talan los árboles. De febrero a marzo, con temperaturas altas y baja humedad relativa, se realizan las quemas, pues las condiciones favorecen la combustión de la vegetación. A finales de marzo llega la temporada de lluvias, momento en el que se siembra el pasto y entra el ganado. Este es el ciclo que se repite en cada nuevo parche de deforestación.

El bosque al cuidado del Estado

Los esfuerzos por conservar la Amazonía han mostrado resultados alentadores. Entre 2022 y 2024 se registraron las cifras más bajas de deforestación de las últimas dos décadas. Tras alcanzar un pico superior a las 217.000 hectáreas deforestadas en 2017, la cifra descendió a 123.517 hectáreas en 2022 y cayó de manera significativa a 79.256 en 2023. Aunque en 2024 aumentó a 113.608 hectáreas y en 2025 a 119.483 (5 % más que el año anterior), el balance sigue siendo positivo. 

Si bien la meta debe ser llegar a cero, estos resultados representan un avance importante en la lucha contra una de las principales amenazas del bioma amazónico.

En su conferencia, el ingeniero Ferney Gutiérrez explicó que el Gobierno implementó el Plan de Contención de la Deforestación con la creación de los Núcleos de Desarrollo Forestal y de la Biodiversidad.

Estas son zonas geográficas críticas de Colombia (principalmente en la Amazonía) orientadas a transformar áreas con alta deforestación en territorios de producción sostenible, conservación ambiental y gobernanza comunitaria.

Normalmente se localizan en el arco noroccidental de deforestación de la Amazonía, aunque también están presentes en departamentos que no pertenecen al bioma amazónico, como Chocó, Antioquia, Norte de Santander, Nariño, Cauca y Arauca. Al cierre de 2024, los 28 Núcleos de Desarrollo Forestal y de la Biodiversidad conservaron el 96 % de los bosques naturales identificados en la línea base de 2021, lo que equivale a 4.715.587 hectáreas.

Entonces, no todo son malas noticias. Aunque el sobrevuelo pudo parecer un ejercicio desesperanzador, ahora, quienes tienen la oportunidad de tomar decisiones fueron testigos presenciales de lo que sucede en la Amazonía y cuentan con argumentos científicos sólidos para defenderla desde sus curules, púlpitos o medios de comunicación.

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  • Héctor Bello y Leonardo Soto pilotearon las avionetas.